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Nelson Herrera Ysla
CUBA.
OBSESIONES
Vivir de la poesía, que más quisiera yo.
Pero me asaltan dudas en cada ventana
que escucho cerrar en la noche apagada.
Me despierta el miedo en la boca
diciéndome despierta, la vida no es un sueño.
La vida es esta mañana y la otra
por venir
donde nadie me espera
sino la tierra y la esperanza, fieles amigas
en épocas imposibles de definir.
Vivir de la poesía, que más anhelo
entre los oscuros pasillos de ministerios y empresas,
en la cola fatigosa.
El ventilador da vueltas en mi biografía,
refresca mi memoria hoy mientras altas nubes
cruzan el cielo azul de Cuba, silbando alegres
la canción de mi infancia.
Cierro los ojos entonces para verme allí
como queriendo vivir de la poesía,
esa forma en que yo escondo las palabras de siempre.
Inquieto ahora, rabioso, quiero vivir de la poesía
escondida tras los muros rotos de la ciudad,
última casa del sueño
y en ella quedarme tranquilo, caminando
a la velocidad de mi patria,
hija de negros esclavos y aristócratas blancos.
Patria que no me deja vivir de la poesía
porque es pobre y se afana en guerras prolongadas
por su nombre y su apellido.
Pero yo quiero vivir de la poesía
hacerle la faena a este oficio inútil que me condena al caos,
a ignorar los autos cuando pasan con hermosas mujeres,
que me impide saborear las cifras del mundo.
Quiero aprender sus lecciones aunque el momento no sea bueno, este,
porque poco llueve en mayo.
Pero no voy a quejarme,
no vamos a quejarnos por tan pequeñas cosas
como quiere Angel González, que pasa un aeroplano
y ya no se oye nada, ni las palabras de siempre,
ni las nuevas que emergen de las llamas.
Ocho horas diarias y no puedo vivir de la poesía.
Y sufro como soldado en retirada, malherido
y el pecho cubierto de medallas.
No dejaré caer los brazos, mis manos no se cerrarán.
Habrá nuevas primaveras
y allí estaré sin un centavo en el bolsillo
lo mismo que una hormiga llevando sobre su espalda la carga,
terco y contradictorio, sin corregir la ruta
en esta extraña región
que exploro aún, todavía, siempre.
envio jorge bousoño
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